Un punto y medio de comisión parece poco, pero a 25 años puede costarte más de 140.000 €. Qué es el TER y por qué es el dato que más deberías mirar.
Cuando comparas fondos de inversión, hay mil métricas que mirar: rentabilidad pasada, estrellas, rankings, el carisma del gestor. Pero hay un número aburrido que predice mejor que casi todos los demás cómo te irá a largo plazo: la comisión.
Hoy toca hablar de fondos indexados frente a gestión activa, y de por qué la diferencia entre pagar un 0,2% y un 2% al año puede costarte el precio de un piso.
La promesa de la gestión activa es seductora: "pagamos más, pero ganamos más". El problema es que, a largo plazo y después de comisiones, la mayoría de fondos activos no consigue batir a su índice de referencia de forma consistente. Y no hay forma fiable de saber por adelantado cuáles serán los pocos que sí lo logren.
El TER (Total Expense Ratio, ratio de gastos totales) resume cuánto te cuesta un fondo cada año en porcentaje sobre tu dinero: comisión de gestión, depositaría y otros gastos corrientes. Está en el folleto y en el documento de datos fundamentales del fondo.
Dos cosas importantes del TER:
Los fondos indexados suelen moverse en TER de entre el 0,1% y el 0,4%. Los activos tradicionales, con frecuencia entre el 1,5% y el 2%. Esa diferencia de "solo" un punto y medio o dos parece pequeña. No lo es.
Hagamos números puramente ilustrativos. Imagina dos inversores con 100.000 € a 25 años, y supongamos que ambas carteras obtienen la misma rentabilidad bruta del 6% anual antes de comisiones:
Misma inversión, mismo mercado, mismo plazo: unos 142.000 € de diferencia. La comisión no se limita a restar un poco cada año; se lleva también el interés compuesto que ese dinero habría generado. Es una bola de nieve que crece en tu contra.
Y fíjate en el detalle: para que a Luis le compense, su gestor tendría que batir al mercado en casi dos puntos anuales durante 25 años seguidos. Eso es extraordinariamente raro.
No exactamente. Significa que parte con una mochila de plomo: cada año debe superar al índice en, al menos, su sobrecoste de comisiones solo para empatar. Algunos gestores lo consiguen durante períodos; muy pocos lo sostienen décadas, y identificarlos de antemano es casi imposible.
Por eso, para el inversor de a pie que invierte a 20 o 30 años para su jubilación, la indexación de bajo coste es el punto de partida más sensato: te garantiza la rentabilidad del mercado menos una comisión minúscula, con diversificación máxima y sin depender de acertar con el gestor estrella.
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Esto es educación financiera, no asesoramiento personalizado.
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